Aún escucho las risas explosivas al atardecer, el calor que nos apuntaba al cabo de la locura pero ahí estabas tú, tan frágil y risueño. ¿Qué tanto debía hacer para que te quedaras?. Sin entender el centenar de sucesos por el cual te olvide, sigo tratando de ilustrar tu rostro en la penumbra la cual me acecha. Te necesito... Soy la reina en el tablero de ajedrez, siempre tratando de protegerte así me hieran de muerte.
Procure no llorar, fallé a mi promesa. Apenas sonó mi teléfono pude sentir como me desvanecía ante tal noticia. Vuelve, debo decirte cuan importante eras para esta pobre alma en desconsuelo. Siento pena por mí, he dejado de cumplir a mi palabra pues no estuve a tu lado, no vi tu sufrimiento, no comparti tu dolor.
Quede sola tomando una taza de café, el tiempo se oscureció y mi pequeña mariposa interna vió como las flores de tú jardín se marchitaban con el pasar de los días.
Cuanto daría por un abrazo...
Cuanto daría por un suspiro...
Cuanto daría por un último saludo...
Cuanto daría por darte vida...
Para tí, Hernan.
No hay comentarios:
Publicar un comentario